“JUICIOS SOBRE LA HUMANIDAD”

 
Por: Rev. José Arturo Soto Benavides, Vicepresidente del M. M. M.


“Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras... Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres.

Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer.
Ahora, pues, descendamos y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero.
Así los esparció..., y dejaron de edificar la ciudad...” Génesis 11:1-9

 
El libro de Génesis es el libro de los principios, de los orígenes. La palabra “Génesis”, que en griego significa principio o generaciones, es uno de los cinco libros de Moisés, avalado por el Señor Jesucristo, quien en reiteradas veces lo menciona como uno de los libros del pentateuco.
El libro de Génesis es el libro de los principios, de los orígenes. La palabra “Génesis”, que en griego significa principio o generaciones, es uno de los cinco libros de Moisés, avalado por el Señor Jesucristo, quien en reiteradas veces lo menciona como uno de los libros del pentateuco.

Probablemente, Moisés haya tomado algunos escritos desde los tiempos de Abraham, quien no era un campesino rústico. En la actualidad se ha descubierto a través de la arqueología, que Ur de los caldeos tenía escritura, sistemas matemáticos, grandes bibliotecas, escuelas y universidades, así que podemos estar hablando de una gran ciudad, altamente refinada, en una civilización adelantada a la cual perteneció Abraham. Se sabe por la arqueología, que mil años antes de Abraham, en el antiguo Egipto, ya existía la escritura, por lo tanto desde aquellos tiempos tenemos testimonios escritos.

Es importante resaltar la expresión de las generaciones en el libro de Génesis, donde se encuentran diez generaciones hasta Jacob. Acordémonos que Dios había prometido una generación victoriosa, el hablaba acerca de las generaciones que vendrían de la mujer, que aplastarían la cabeza de Satanás; -la humanidad siempre suspiró por el cumplimiento de esa profecía- cuándo será ese momento precioso, ese momento bienaventurado, en que se cumpla la Palabra de Dios, en que se levante esa generación, de la cual nacerá uno que nos dará la victoria.
Pasaron diez generaciones, luego otras generaciones sucesivas, hasta llegar al nacimiento del glorioso Hijo de Dios -en Judea-, en ese momento se oyeron cánticos y un mensaje poderoso que decía: “¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”. El ángel le dijo a los pastores, “...os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador que es Cristo el Señor”. Y es que, puede ser que el hombre falle, pero los propósitos de Dios no fallan; se hacen realidad.
La Biblia no habla antigüedades, la Palabra de Dios dice, por ejemplo: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”, qué historiador puede mejorar esa versión. El Señor nos habla a través de la Biblia; esto lo refutan los ateos diciendo que no hay Dios, pero Él no tiene que mostrarle a nadie que Él existe. Él dice en Isaías 45:5-7: “Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí... y ninguno más que yo... Yo Jehová soy el que hago todo esto”; esta es una palabra clara, que puede refutar el agnóstico, que simplemente vive diciendo que no se puede conocer a Dios. Yo les digo hoy: todos pueden conocer a Dios.
Es una Palabra clara, la que nos presenta el libro de los principios, el Génesis; refuta al politeísta que cree en muchos dioses; ellos argumentan que en la Biblia dice: en el principio creó Dios; ellos dicen: ¿Por qué no pusieron creé yo?, aludiendo que nos estamos equivocando en interpretar; a los que nosotros le contestamos, acaso dice: algunos dioses, como si se refiriera a un equipo. Lo que pasa es que no hay más Dios que el que estamos predicando y su Palabra es la que refuta al materialista que dice que la materia es eterna, dice la Escritura, que en el principio creó Dios esa materia, que el hombre dice que es eterna; así que tuvo un principio, porque el único eterno se llama DIOS. Quién podrá levantarse contra Él, quién podrá pelear contra ese Dios; lo más sabio que podemos hacer es ponernos de su lado y decirle: ¿cuál es tu plan Señor, qué es lo que tú quieres?
El Señor inventó todas las cosas que realmente tienen valor verdadero, un valor intrínseco, como el oro, la plata. Todas estas cosas Dios las da absolutamente gratis. Dios nos da el aire que es vital para nuestra respiración; mañana saldrá el sol, que no sólo calienta, sino que produce ciertos efectos en nuestro cuerpo que son vitales; podríamos hablar de muchas cosas que nos da Dios, que si tuviéramos que pagarle por su valor real, jamás lo podríamos hacer.
Pero uno dice, habrá gente que se rebele contra Dios?, la respuesta es sí. Hemos leído un pasaje muy elocuente, sobre una rebelión hecha en la primera civilización de la tierra, después de la creación, fue la que intentó hacer Caín. En la primera civilización comenzó a surgir las bellas artes, la metalurgia, la fabricación de armas, máquinas, etc. Fue una ciudad creada por Caín y sus hijos, en rebelión a Dios, una corriente mundana, una corriente pecaminosa, fue la que fundamentó aquella primera civilización humana. Sabemos que todo terminó con el diluvio.
Después que salió Noé del diluvio se produce otra civilización, de hecho la primera después de la salida de Noé del arca, la edificó nada menos que Nimrod, otro gran rebelde, que reunió a la gente y empezó a edificar ciudades por todo lugar, no sólo edificó Babel sino muchas más; pero el punto básico de su gobierno y su rebelión era Babel, dice la escritura que ellos edificaron una ciudad y dijeron: vamos a edificar una torre por si acaso fuéramos esparcidos sobre la faz de la tierra, y nos haremos un nombre; con esa intención empezaron a edificar una civilización.
En ese entonces tres cosas motivaron al mundo a adoptar esa actitud contraria a los propósitos de Dios. La primera fue el orgullo, dijeron: vamos a hacer una torre cuya cúspide llegue al cielo, vamos a subir hasta llegar al mismo cielo, allá donde esta Dios; aquí había orgullo, una vanidad que había envuelto el corazón de Nimrod y sus secuaces, muy parecido a lo que le pasó al primer rebelde quien dijo: subiré hasta las estrellas de Dios, pondré mi trono junto al trono de Dios y seré semejante al Altísimo; la Escritura lo registra se llama Luzbel, el mismo espíritu de orgullo que hizo presa de Luzbel, envolvió a Nimrod y sus secuaces.
El segundo factor, fue el intento de impedir que nuestro Señor los esparciera sobre la tierra; la orden de Dios había sido clara diciendo: llenad la tierra y sojuzgad, la orden de Dios era esparcirse y poblad la tierra, pero ellos dijeron nos quedamos aquí, nos vamos a apilar en esta ciudad y nada de dispersión. Una rebelión abierta al propósito de Dios, eso es peligroso, toda sociedad que vaya contra su propósito, está metiéndose en el ámbito del Juicio Divino; y es que Dios no va a cambiar de opinión, porque la mayoría quiera algo, la mayoría no mueve a Dios.